martes, 14 de julio de 2009

Rerum Novarum: Infografía




Ruah: Importancia del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

Importancia del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

En el antiguo testamento, el Espíritu Santo no era concebido como lo es hoy en día. Era más bien visto como tres cosas claves: la existencia de vida gracias a Dios, el aliento de vida que da Dios y como una fuerza de la naturaleza.

Todos estos términos están profundamente ligados. La vida existe gracias a Dios porque este nos da su aliento de vida. El aliento es algo intangible, algo que nosotros no podemos ver pero que sabemos que está ahí, presente, y que sin darnos cuenta es indispensable para vivir. La única diferencia entre una persona viva y otra muerta es que una respira y la otra no. De ahí parte el aliento de vida que da Dios.

Este aliento de Dios se nos es entregado como un regalo, aunque yo preferiría llamarlo préstamo. Este soplo, hálito de vida viene de Dios, por lo tanto este también nos lo puede quitar. Pero para el hombre antiguo esto no era suficiente (aunque también hoy en día vemos que hay gente que necesita ver para creer, que no han recibido todavía el don de la fe) y por ello tuvo que encontrar una forma visible del aliento de Dios: el viento.

Este viento era omnipotente, nadie podía contrarrestarlo ni explicarlo, y mucho menos detenerlo. Es aquí cuando al realizar comparaciones entre el viento y Dios, los elegidos encuentran a Dios como un ser todopoderoso que es perfecto y que tiene el poder absoluto sobre nuestras vidas, pero este no es un Dios cruel ni despiadado, sino que es un Dios magnánimo que al vernos tan vulnerables, decidió no dejarnos solos y prometió enviarnos a su hijo.

Ya después de la llegada de Jesús y de su asunción, el Espíritu Santo fue enviado a los apóstoles no tanto como un regalo de sabiduría, sino más bien como un “empujón” porque los apóstoles no se atrevían a empezar la misión evangelizadora que les encargó Jesús. Es cierto también que el Espíritu Santo da sabiduría, pero su primera misión fue la de dar el empujón.

El Espíritu Santo nos revela algo más: que la presencia de Dios y su realidad íntima. Esto quiere decir que Dios se nos manifiesta materialmente, paradójicamente, enseñándonos su lado más intangible. Podrá sonar extraño, pero así lo es.